viernes, 4 de mayo de 2012

Agradecimientos.


A todos los lectores:
Quiero aprovechar estas últimas líneas para agradeceros por todo. Sí, por todo, sé que son muchas las personas que han leído esta historia y se han emocionado con ella, lo sé porque me lo habéis demostrado en cada uno de los comentarios que tanto por aquí como por Twitter me habéis dejado. Sé que hay lectores no sólo de España, sino también de Argentina, Portugal e incluso de EEUU entre otros. Muchísimas gracias por seguir esta historia y por hacer que me emocione con cada comentario hacia el blog.

Quiero contaros un poco como se me ocurrió la idea de escribir este blog. Veréis, en todo este tiempo que llevo perteneciendo a esta gran familia alboranista he tenido el privilegio, placer y oportunidad de leer grandes historias sobre Pablo Alborán. Me desperté una mañana de Sábado teniendo en mente una locura, escribir una historia, una historia parecida a las que seguía. Me picó el “gusanillo” de la literatura y así lo hice, encendí mi portátil y comencé a escribir dejando que las palabras fluyeran solas. Aquella mañana, 11 de febrero, no podía imaginar que esta historia iba a crecer tanto, mis expectativas no eran muy buenas al empezar a escribir esta historia que hoy a llegado a su fin.
Pienso que he cumplido uno de los sueños que tenía en la vida, poder escribir algo que transmita a las personas. Tener la oportunidad de introducir al lector en un mundo paralelo al que poder huir en cualquier momento. Por mi parte creo que lo he conseguido y espero que vosotros, artífices de que esto haya sido posible, también lo hayáis logrado.

Muchos son los que me habéis preguntado a lo largo de estos meses en qué me inspiraba para escribir, pues veréis, cada noche mientras escribía tenía como fondo música, más concretamente la música de Pablo Alborán, sus acordes, sus letras, en definitiva, su música ha conseguido que las palabras saliesen solas, y, de ese modo, poder plasmarlas en este pequeño lugar.

No tengo palabras para agradeceros por todo, sé que habéis sido muchos lo que cada fin de semana deseabais que llegase el lunes para poder leer el siguiente capítulo; ante eso, sólo me cabe utilizar una frase de una de las canciones de Pablo ...Eterna paciencia que tienes conmigo... Gracias por todo.
Vosotros, vuestras palabras, han sido las causantes de mis sonrisas cada vez que subía un nuevo capítulo. Tal vez con un GRACIAS no alcance para expresar todo lo que quiero deciros.

Tal vez, os preguntéis el motivo de que esta novela haya llegado a su fin. Como todos ya sabéis y para los que no lo sabéis os lo digo, he compaginado mis estudios de magisterio infantil con el blog, ha habido días en los que me ha sido imposible escribir un nuevo capítulo por falta de tiempo, es por eso y por la llegada inminente de los exámenes que he tenido que poner punto y final a esta historia.

Espero seguir en contacto con todos vosotros, seguiré “dando guerra” por el Twitter que comparto con Fanny, @PAlboranFansAb y también por el mío personal @vero_5193.

Hoy termina esta historia, con más de 17000 visitas al blog. Todavía sigo alucinando con cada comentario hacia la historia. Vosotros y vuestras opiniones han conseguido animarme en días de bajón y mantener mis ilusiones puestas en esta historia que hoy toca a su fin.

Me despido poco a poco de todos vosotros, me llevo un trocito de cada uno. Sois realmente increíbles, cada día me siento más orgullosa de pertenecer a esta gran familia, unida por un mismo sentimiento de aprecio, admiración, amor y respeto hacia Pablo Alborán.

No quiero que esto suene a despedida, porque no lo es, consideradlo un hasta luego, porque seguiré como ya he dicho antes “dando guerra”.

Seguid atentos a Twitter, porque os tengo preparada una sorpresa, pero de momento no puedo deciros más.

Os quiero a todos y cada uno de vosotros. Gracias por hacer de un sueño loco, una realidad.


Vero




Capítulo 57: El beso del final.


Aquella conversación con Fanny me sirvió para quedarme un poco más tranquilo, Fanny era de esas personas en las que puedes confiar, ahora entendía por qué Vero la quería tanto.
Pese a mis insistencias de acompañar a Fanny hasta su casa, ella se negó, por lo que nos despedimos en la puerta del bar.
Llegué al hotel, y me encerré en la habitación. Necesitaba pensar, habían ocurrido muchas cosas en un breve período de tiempo.

Antes de dormir entré en Twitter, cientos de comentarios, dándome ánimos y deseando que descansase. Esos tweets me alegraban la vida, sin embargo me era imposible contestar a todos, me sentía fatal llegado a ese momento, porque, eran tantas las ilusiones y esperanzas puestas en que yo contestase esos tweets. Esa Familia, mi Familia, esa que siempre me da su apoyo incondicional... creo que no tendré suficiente tiempo en esta vida para agradecerles por todo lo que hacen por mi.

Estuve durante unos minutos leyendo algunos tweets, he de reconocer que hay personas realmente ingeniosas por el mundo, y eso me gusta.
Decido dejar twitter, e irme directo a dormir. Estoy agotado, tengo sueño atrasado y eso me pasa factura.

Despierto a la mañana siguiente con una sensación de agotamiento total. Pese a haber dormido durante las horas necesarias, siento que las horas perdidas, me han carcomido. De repente miro el reloj. Quedan unas horas para poder pasar a visitar a Vero. De pronto me viene una idea a la mente. Me paro, pienso detenidamente y finalmente desarrollo la idea. Sin embargo necesito ayuda para poder poner esta idea en práctica.

Cojo el móvil y le envío a Fanny un WhatsApp:
Yo: Fanny, necesito ayuda.
Fanny: Hola Pablo!!, dime.
Yo: Pues verás, quería llevarle un regalo a Vero, pero no conozco Albacete y no se donde tengo que ir para poder comprarle algo.
Fanny: Pues.. a ver... te doy varias opciones.

Estuve durante un buen rato apuntando nombres de tiendas y direcciones para poder llegar. Finalmente me decidí por un regalo, sabía que le haría ilusión cuando lo viera.

Llegó la hora de ir al Hospital a ver a Vero, de volver a ver a mi niña, volver a ver a esa persona que hace que mi tiempo se pare, que hace que me olvide de todo lo que me rodea, de todo aquello que nos rodea a ambos para transportarnos a los dos a un universo paralelo en el que únicamente existimos ella y yo.

De pronto miro el reloj y me doy cuenta que como casi siempre llego tarde. Cojo un taxi y en apenas 5 minutos he llegado al hospital. Parece mentira, pero, me pongo nervioso antes la sola idea de ver a Vero, como si cada vez fuera la primera. Como si cada vez que la veo, me enamoro nuevamente y en mayor medida de ella.

Cuando llego, todos están ahí ya, esperando para poder pasar. De repente todas las miradas se dirigen a la bolsa que llevo en al mano.

  • ¿Al final lo has encontrado? -me pregunta Fanny-.
  • Sí, me ha costado pero al final lo he encontrado. Espero que le guste.
  • Segurísimo que sí.
  • Gracias por la ayuda.
  • Pablo, no tienes que darlas. Además seguro que el regalo la anima muchísmo.
  • Eso espero.
  • Ya verás como sí.

De pronto sale una enfermera y nos indica que ya podemos pasar a ver a Vero. En primer lugar pasan los padres de Vero. Decido sentarme en uno de los asientos y dejo la bolsa al lado. Fanny se me acerca:

  • ¿Y por qué precisamente Ese tipo de regalo?
  • Porque leí un tweet suyo y he pensado que tal vez le haría ilusión.
  • Créeme, va a alucinar cuando lo vea. Le va a encantar.

Apenas unos minutos después salieron los padres de Vero, me quedé realmente precoupado, su expresión era seria, temí lo peor.

Mientras hablaba con los padres de Vero, Fanny pasó a la UCI, apenas un par de minutos más tarde salió con lágrimas en los ojos. No entendía nada, ¿qué estaba pasando?, intenté que me contasen lo que ocurría, pero no había manera, quien entraba a ver a Vero, salía llorando y derrumbado.

No aguanté más tiempo y decidí entrar, no sabía lo que ocurría, pero por las caras y las reacciones algo no iba bien. Cuando llegué a la habitación el médico que atendía a Vero, habló conmigo:

  • Hola.
  • Buenos días -me respondió el médico- ¿vas a pasar?
  • Sí.
  • Bien, pero antes de eso, tengo que hablar contigo tal y como lo estoy haciendo con todos los que pasan a visitar a la paciente.
  • Dígame.
  • Verás, la mejoría que presentó la paciente hace un par de días, ciertamente era algo excepcional, sin embargo en este momento ha sufrido una recaída, no sabemos como raciocinará durante las siguientes horas.
  • ¿Me está queriendo decir que...?.
  • Lo siento, pero debo serle sincero a la familia. Ahora mismo no sabemos qué pasará en las siguientes horas.
  • Pero...
  • Eso quiere decir que la paciente puede entrar en coma o...en el peor de los casos...
  • ¿En el peor de los casos qué?, hable por favor.
  • En peor de los casos la paciente puede llegar a perder la vida -sentí aquellas palabras como una puñalada en el corazón, de pronto mi mundo se vino abajo- puede pasar unos minutos, pero por favor no tarde mucho.
  • Si...

Entré a la habitación. Vero, estaba dormida o al menos eso creía hasta que abrió los ojos, apenas podía ver su cara a causa del vendaje en la cabeza y la mascarilla de oxígeno que le ayudaba a respirar. Aquella imagen se me clavó en la retina.
Vero, al verme sonrió, y yo no pude evitar contener las lágrimas.

  • ¿Tú.tu.tambi.en?.
  • Mi niña, por favor no fuerces la cosas.
  • No.no.llo.res. -cuando me Vero me dijo esas palabras no pude evitar romper a llorar-
  • Mi niña.
  • ¿Me.voy.a.a.mo.morir.ver.dad?.
  • NO, por supuesto que no mi niña, te vas a poner bien. Mira -saqué el regalo de la bolsa- te he traído un regalo.-Las lágrimas me nublaban la vista, pero debía mostrarme fuerte ante Vero- te he traído esto.
  • Gra.ci.as -Vero intentó esbozar una sonrisa, pero el estado en el que se encontraba le ocasionaba un cansancio mayor de lo habitual-

Dado que Vero estaba débil, abrí yo el regalo por ella,una vez que le quité todo el papel, vi como Vero, en un esfuerzo mostró una sonrisa. El regalo era un peluche, más concretamente una mariquita. Había cogido esa idea de un tweet que leí, en el que ella y Fanny habían encontrado una mascota.

  • Espero que te guste.
  • Si, yo... lo.sien.to.
  • No mi niña, ¿por qué dices eso?
  • Lo estás pa.pa.sando mal por mi culpa.
  • Mi niña, nada tendría sentido si nunca te hubiera conocido -era el momento, ahora o nunca, debái decirle a Vero todo aquello que no me había atrevido a decirle frente a frente- Si no te hubiera conocido no sé que hubiera sido de mi. No me he arrepentido ni un sólo día de lo ocurrido aquella tarde.
  • No quiero ver.te mal por mi.
  • Mi niña, eres tú quien no tiene que sentirse mal. Yo siempre voy a estar contigo, pase lo que pase, si el destino nos pone a prueba nosotros debemos superar esa prueba.

De repente una de las enfermeras me indicó que la visita debía terminar.

  • Bueno mi niña, tengo que irme, pero vuelvo esta tarde ¿vale?
  • Pa.blo.
  • Dime mi niña.
  • Bé.same por fa.vor.

Las lágrimas me hundaron los ojos. Vero me había pedido un beso, y eso en parte me asustaba, eso quería decir que ni ella misma estaba segura de volver a verme. Quería ese último beso, el beso del final.
Aparté la mascarilla de oxígeno de su cara, y lentamente acerqué mis labios a los suyos, de modo que cuando mis labios llegaron a su boca, los suyos ya les estaban esperando. Fue un beso tierno, pero a la vez con pasión y miedo, por parte de los dos.

  • Te.qui.e.ro.
  • NO, Vero, eso no, por favor, eso no, no te despidas de mi. Por favor.
  • Nun.ca me ol.vi.des.
  • NO, VERO, NO.
  • Te.a.mo.
  • Te dejaré de amar el día que un pintor pinte sobre su tela el sonido de una lágrima.

De repente como si el destino de pronto se hubiese puesto en mi contra vi como lentamente Vero se me fue apagando poco a poco.

  • ¡¡ENEFERMERA!!, NO POR FAVOR VERO, NO ME HAGAS ESTO!!, NO POR FAVOR MI NIÑA!!.

De pronto la habitación en la que se encontraba Vero, se llenó de médicos y enfermeras. Yo me quedé en el pasillo. Viendo impotente como los médicos y las enfermeras no podían hacer nada por Vero, la rabia, el dolor y la impotencia me dominaron en aquel instante. ¿Se me había ido? ¿la había perdido ahora si para siempre?.

Los médicos y las enfermeras no paraban de entrar y salir de la habitación, nadie me decía nada. Sin embargo el médico que atendía a Vero se percató de mi presencia.

Su expresión lo dijo todo. Me derrumbé, en aquel momento mi mundo se hizo pedazos frente a mi. Me sentí como si la vida se me hubiese evaporado, como si de repente descendiese al infierno, para cumplir con mi condena, mi condena de vivir una vida sin ella.

  • Lo siento.
  • No, dígame que es mentira, DÍGAMELO.
  • Desgraciadamente ha sucedido, no hemos podido hacer más.
  • Oh, Dios. Esto no me está pasando.
  • Cálmate.
  • ¿Qué me calme? ¡Acabo de perder al amor de mi vida! Y me pide que me calme.
  • Vamos, es mejor que salgamos de aquí, tengo que darle la noticia a los familiares.

Recorrí aquel pasillo de vuelta a la realidad. Mi mundo se tornaba más frío, sin el latido de su corazón yo no podía vivir. Quería morirme allí mismo, irme detrás de ella. Nada tenía ya sentido, la había perdido y ya no había vuelta atrás.

Justo cuando llegábamos a la puerta que daba salida al hospital. El médico me dijo:

  • Hijo, calma.
  • No puedo calmarme, he perdido para siempre al amor de mi vida.
  • No la has perdido, ella no ha muerto, ese era el caso extremo, ha ocurrido lo que esperábamos, ha entrado en coma indefinido.
  • ¿Cómo?
  • Sí, está viva, pero ha entrado en coma, y no sabemos cuando puede despertar. Puede o no despertar, pero confiemos en que así sea.
  • ¿Me lo está diciendo en serio? ¿Vero sigue con vida?
  • Sigue con vida, de modo que cálmate, tengo que darle la noticia.

Cuando salí de la UCI, mi expresión fue el fiel reflejo de lo que allí dentro había ocurrido. El médico dio la noticia y en aquel instante todos se derrumbaron, sin excepción.

Aquel día cambió mi vida de nuevo, y como mi vida, la de todos. La vida definitivamente no era justa.
Aunque todavía tenía la esperanza de Vero despertase pronto. De volver a verla sonreír, de volver sentirla junto a mi.
De pronto recordé unos versos que Vero me dijo, a Vero le gustaba la poesía y un día me dijo unos versos de Pablo Neruda que se grabaron a fuego en mi, unos versos que recordaba en cada ocasión en la que no la tenía conmigo:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo ”La noche está estrellada,
y tiritan azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche más inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.


La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismo.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro, será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre
mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Capítulo 56: Cuento de hadas.

Todos estábamos esperando a que los médicos nos dejasen entrar para ver a Vero, cuando de repente vimos salir a Pablo de la UCI, su expresión era el fiel reflejos de sus emociones, estaba feliz. Vero iba mejor, y todos respiramos al fin tranquilos.

Nada más salir Pablo, entraron los padres de Vero, aproveché la oportunidad para hablar con Pablo:

  • Hola Pablo.
  • Hola Fanny.
  • ¿Cómo está? -pregunté-.
  • Parece que va mejor, no veo el momento de que salga por la puerta y se marche a casa, no puedo soportar la visión de verla conectada a todas esas máquinas.
  • Yo te dije que se pondría bien. Vero es fuerte, yo lo sabía, sabía que se iba a aferrar a la vida, no es de esas personas que se da por vencida tan fácilmente. Es cabezota y al final se sale siempre con la suya -provoqué una sonrisa en el rostro de Pablo-.
  • La verdad es que no esperaba que las cosas saliensen así.
  • ¿A qué te refieres? -pregunté con intriga-.
  • A que he hablado con Vero, he tenido esa oportunidad y por supuesto no la he dejado pasar.
  • ¿Y bien, cómo ha ido todo?.
  • Quiero pensar que bien, me ha pedido perdón por lo ocurrido, y no lo he dudado ni un intenta, ¿cómo no perdonarla? Si es mi vida, es el sol que ilumina mis días grises, es la dueña de mis sueños, mi luna y mis estrellas, mi día y mi noche.

De repente para cuando quise darme cuenta me encontraba emocionada, no pude evitar que un par de lágrimas resbalasen por mi cara. Ese amor tan puro que sentía Pablo no era un amor usual, era un amor sin tapujos, era verdad que era pasional, era cierto que se entregaba, que lo daba todo en una relación, yo era testigo de ese amor tan maravilloso y a la vez tan real, un amor más bien parecido a un cuento de hadas.

Tras los padres de Vero, entré yo, Jesús, que había llegado hacía escasos minutos, me dejaron entrar primero. Necesitaba hablar con Vero, intentar que perdonase a Pablo si todavía no lo había hecho. Recorrí aquel pasillo que, por desgracia, comenzaba a conocer.

Cuando me aproximé a la habitación donde se encontraba Vero, una de las enfermeras me cerró el paso. Al parecer Vero, estaba un poco aturdida con las visitas, y necesitaba descansar. Después de mucho rogarle a la enfermera me permitió pasar durante unos pocos minutos a verla. Entré en la habitación. Estaba despierta, y sonrió al verme, la máscarilla de oxígeno me impedía entender lo que quería decirme:

  • Hey, no, no hagas ningún esfuerzo, ahora lo que tienes que hacer es descansar. Que tienes que estar completamente recuperada para que nos vayamos pronto de fiesta.
  • Si -conseguí comprender-.
  • Bueno, no me dejan estar aquí mucho tiempo, sé que estarás cansada, han sido muchas cosas las que han pasado en apenas unas horas. Lo único que quiero que me asegures es una cosa: por favor tienes que hablar con Pablo, no te imaginas lo mal que lo ha pasado. Por favor prométeme que hablaras con él. No vuestro no puede acabar así. -vi como Vero asentía a lo que le decía-. Bueno en ese caso me voy más tranquila. Descansa eh, que te quiero al 100%. -me acerqué a Vero y le di un beso en la mejilla-. Hasta mañana y descansa eh.

Salí de la UCI, todos me estaban esperando, tal vez a que diese alguna nueva noticia sobre Vero. No ocurrió así.
La hora de visitas terminó y cada uno nos dirigíamos a nuestras casas. De repente no se por qué se me ocurrió la idea de ir a tomar algo con Pablo, tenía curiosidad por saber una cosa, de modo que no lo dudé:

  • Pablo, ¿te parece si vamos a tomar algo por ahí? Todavía no es hora de encerrarse en el hotel, vamos ni que fueras ya un abuelo -empecé a reirme yo misma de mi propio comentario y vi como Pablo esbozó una sonrisa-.
  • ¿Perdona, me acabas de llamar viejo?
  • No, para nada -volví a reírme-.
  • Anda que... eres igual que Vero, igual de gamberras las dos, no me extraña que seáis amigas.
  • Bueno ¿qué me contestas? ¿te vienes o no?.
  • Está bien,. Supongo que me vendrá bien despejarme un rato.

Salimos del hospital y fuimos a un bar cercano. Nos sentamos en una mesa y pedimos algo para tomar.
Aproveché aquella oportunidad que tenía para hacerle a Pablo una pregunta que nunca le había hecho hasta el momento:

  • Pablo, ¿recuerdas el día que conociste a Vero?
  • Claro que lo recuerdo, ¿cómo podría olvidarlo?, si fue un día mágico para mi, un día en el que del cielo bajó un ángel, el día que ese ángel descendió a la Tierra para cruzarse en mi camino.
  • ¿Qué sentiste cuando la viste?.
  • Creo que en aquel momento no fui consciente de lo que había ocurrido, desde el principio vi algo en Vero que me descolocó, su forma de comportarse, de hablar conmigo, una forma natural, como si yo no fuera un personaje público, como si yo fuera una persona anónima. Como si yo únicamente fuera Pablo Moreno, no Pablo Alborán.
  • Pues, ¿sabes? Cuando Vero me contó lo que pasó aquel día, al principio la tomé por loca, para qué te voy a mentir -Pablo sonrió- sin embargo su forma de hablar, de expresarse, me di cuenta de que había sido real. Después las cosas sucedieron muy rápido, Vero pasó de verte como un simple ídolo a verte como un chico normal, y, bueno.. el resto de la historia creo que la conoces. Sólo te pido algo Pablo, quiero que la cuides, que no le pase nada malo, no se merece sufrir, tú al igual que yo la conocemos y sabemos que es maravillosa.
  • Lo sé Fanny, créeme, haré lo imposible por que sea feliz, por que no le ocurra nada. Antepondré su vida a la mía. No permitiré que le ocurra nada malo.
  • Que así sea.


De camino a casa, empecé a darle vueltas a lo que Pablo me había dicho, Vero había descolocado a Pablo, tal vez, sí, era posible, Vero es de esas personas que entra causando un terremoto a su alrededor.
Vero era de esas personas que siempre, aunque ella estuviese peor que tú, conseguía sacarte una sonrisa, personas así no se encontraban todos los días, y es por ello que yo me sentía afortunada por tener a Vero.

No se merecía pasar por todo aquello, pero la vida, nos pone a prueba en innumerables ocasiones, son esas pruebas de la vida las que determinan si eres fuerte o por el contrario eres débil, y en aquellos momentos la vida estaba sometiendo a Vero a un durísima prueba, cuyos resultados , íbamos a saber muy pronto...

martes, 1 de mayo de 2012

Capítulo 55: Hasta que llegaste tú.


Aquellas titubeantes palabras, mi nombre y el de Fanny, pronunciados por ella, por mi niña, por la persona por la sería capaz de entregar mi vida y mi alma a cambio de saber que ella estuviera bien.

  • Pa.pablo -volvió a repetir-.

Tanto Fanny como yo no podíamos creer lo que estaba ocurriendo. Vero había despertado y sus primeras palabras fueron nuestros nombres.

  • Mi niña -me acerqué a la cama, he de reconocer que la felicidad me embargó en ese instante-
  • Pablo -volvió a pronunciar en un leve susurro-.

Fanny estaba en shock. No reaccionaba ante lo que estaba pasando. Rápidamente se acercó a la cama.
De repente Vero hizo un tremendo esfuerzo, sonrió y mi felicidad fue máxima.

  • ¿Qué.que me ha pa.. sado?.
  • No te preocupes ahora por eso -le dije- lo importante es que estás bien.
  • FUERA TODO EL MUNDO DE AQUÍ -interrumpió al enfermera- es increíble. Vamos todos fuera.

La enfermera nos echó de la habitación. Nada más salir nosotros comenzaron a entrar varias enfermeras y un par de médicos. Por sus comentarios, lo que allí había ocurrido era un caso excepcional. No daban crédito a lo que había pasado.

Fanny y yo decidimos salir de la UCI dado que los médicos no nos iban a dejar entrar a ver a Vero hasta dentro de un rato o quizá mañana. Por el pasillo que conducía a la puerta de salida tanto Fanny como yo no pudimos reprimirnos por más tiempo y explotamos de felicidad. Nos abrazamos entre lágrimas de alegría.

Nada más salir de la UCI dimos la noticia, la reacción, fue la esperada, primero incredulidad para dar paso más tarde a la felicidad absoluta. Lágrimas de emoción y de alegría se reflejaron en los rostros de todos los allí presentes. Yo, como no podía ser de otra forma, no podía tener mayor felicidad interna.

Sin duda me quedo con el momento en que los padres de mi niña se enteran de la noticia. Su felicidad es mayúscula y yo me contagio de ella. Puedo, en parte llegar a comprenderles, yo también he vivido con ese miedo a perder a Vero, a no volver a verla, a no volver a sentirla cerca de mi. A vivir esta vida como si de una tortura en el infierno se tratase. Ahora ya más calmado empezaba a verlo todo con más claridad.

  • Pablo hijo, puedes irte a descansar, aquí ya no podemos hacer nada. Estarás agotado -me dijo la madre de Vero-.
  • Gracias, pero de verdad, estoy bien. Prefiero quedarme.
  • Pablo, en serio, pareces cansado -me dijo el padre de Vero, la verdad me quedé alucinado por la forma en que se dirigía a mi- vete a descansar. Nosotros nos quedamos aquí.
  • Gracias, pero prefiero quedarme.

Apenas unos minutos después uno de los médicos que seguramente atendía a Vero, se acercó para hablar con nosotros:

  • ¿Son los familiares de Verónica?
  • Sí, somos nosotros -contestaron sus padres-.
  • Bueno, verán, la paciente, todavía no logramos explicarnos cómo, ha reaccionado, la verdad esto no es algo que suceda todos los días.
  • Entonces, ¿podemos verla?
  • Es recomendable que descanse, no obstante podrán verla esta tarde, en horario habitual de visitas. Les recomiendo que se vayan a casa a descansar. Si ocurre cualquier novedad les avisaremos.

Los padres de Vero asientieron de manera que todo quedó claro, allí ya no podíamos hacer más. Fanny y sus amigos se marcharon y así lo hicieron también los padres de Vero. Yo, me marché al hotel.

Nada más llegar al hotel caí agotado en la cama. La noche anterior me empezaba a pasar factura y a pesar de que quería mostrar a los demás que el cansancio no me afectaba lo más mínimo, lo cierto es que todo aquello me estaba ocasionando un cansancio superior al que normalmente tenía.

Dormí un par de horas, la verdad para las pocas horas que dormí me levanté con al sensación de haber dormido de un tirón todas las horas que necesitaba.
Me levanté y me di una ducha, llamé al Servicio de habitaciones para que me subiesen algo de comer. No me apetecía tener que bajar a la cafetería. Tomé algo rápido y decidí entrar durante un rato a Twitter, como siempre cientos de menciones, aquellas palabras a veces conseguían emocionarme u otras tantas hacerme reír. Di un par de RT, contesté a algunas menciones y cerré Twitter.
De repente tuve la necesidad de coger la guitarra y tocar algo. Mi guitarra era mi fiel compañera en este viaje, de modo que decidí intentar componer algo, desastre total, estaba demasiado preocupado por todo lo que estaba pasando. Dejé de comerme la cabeza y guardé la guitarra en la funda. Para cuando quise darme cuenta era la hora de volver al hospital, la hora de ver a Vero, y , con un poco de suerte de aclarar las cosas, aunque, en este momento aclarar las cosas era algo secundario para mí. Lo único que necesitaba era verla bien.

Salí de la habitación asegurándome primero que no me olvidaba nada. Pedí un taxi y en apenas un par de minutos llegué al hospital. Los padres de Vero todavía no habían llegado, de modo que me quedé esperándoles en la puerta. El médico que atendía a Vero, pasó por mi lado, al no ver a nadie más conmigo habló conmigo:

  • Perdona, ¿eres familiar de...?
  • Verónica.
  • Ah, sí, la chica que despertó esta mañana -miró el reloj-.
  • ¿Cómo está?.
  • Por el momento reacciona positivamente a los tratamientos. Pero no podemos confiarnos.
  • Entiendo..
  • Si quieres puedes pasar a verla. Pero no estés mucho tiempo. Tiene que descansar.
  • Gracias.

No podía creérlo, podía entrar a ver a Vero. Obviamente no desaproveché esta oportunidad, de modo que crucé la puerta, me puse aquellos plásticos protectores y me dirigí a la habitación donde estaba Vero.

  • Toc, toc ¿se puede? -Vero estaba despierta y se percató de mi presencia-.
  • Ho.o.ola.
  • Hey, veo que ya estás mucho mejor.
  • -me respondió Vero-.
  • Esto, sé que necesitas descansar, y que tal vez lo que te voy a decir en estos momentos se lo menos indicado, pero siento que si no te lo digo reviento.

Vero me miraba, como si supiese lo que iba a decirle:

  • Vero, quiero ante todo que sepas que te quiero, que no puedo estar sin ti, no te imaginas el infierno que he vivido pensando en que podía pasarte algo. Quiero que me des la oportunidad de explicarme, del por qué de esas fotos.

Vero, asintió haciendo un gran esfuerzo.

  • Verás esas fotos no son lo que parece, la chica que aparece es mi publicista allí en México. Te juro que jamás se me ha cruzado tan si quiera la idea de estar con otra persona mientras esté contigo, simplemente porque mi vida sin ti no tiene sentido. Mi vida no tenía sentido hasta que llegaste tú, el amor que me das todos los días es el que necesito para poder seguir adelante día a día, minuto minuto, segundo a segundo. Me mataba la idea de no volver a verte cuando me enteré de lo sucedido. He vivido una pesadilla de la que por suerte he despertado.
  • Pa.pablo... yo..
  • Mi niña, por favor no te esfuerces -le dije- necesitas descansar.
  • Yo... lo.lo sien.to -me dijo en un esfuerzo-.
  • No mi niña, no tienes por qué sentirlo, todo queda ya olvidado. Ahora podemos volver a empezar.

No obtuve contestación por parte de Vero. Sin embargo me percaté de algo. Poco a poco las lágrimas fueron cayendo de sus ojos, resbalando por su cara.

  • No mi niña, no llores. Por favor.
  • P.per.don.
  • No, mi niña, no tengo por qué perdonarte nada.
  • Te.qui.i.e.ro.
  • Y yo a ti mi niña. Te quiero más que a mi propia vida. Ahora descansa. Tus padres están fuera y quieren verte. Fanny y el resto también están. Yo volveré mañana para ver cómo sigues.

Me acerqué a Vero y le di un ligero beso en la mejilla ya que me era imposible besarla debido a la mascarilla de oxígeno que tenía puesta.
Me despedí de ella, ilusionado por aquel perdón. Mi vida poco a poco volvía a la normalidad. Debía continuar con mi sueño, aunque los sucesos de los últimos días había hecho que me replantease aquello que en realidad era mi sueño. Llegué a una conclusión: Jamás había sabido lo tenía un sueño hasta que ese sueño, mi sueño, fue Vero.

Cuando salí, afuera esperaban los padres de Vero, por mi cara intuyeron que Vero se estaba recuperando de modo que en parte se quedaron un poco más tranquilos. No obstante las cosas no siempre suceden como uno espera. Y en apenas unos segundos todas tus ilusiones, proyectos y planes de futuro se pueden venir abajo...

lunes, 30 de abril de 2012

Capítulo 54: Aquí estoy yo.



  • Sí, nosotros somos sus padres -contestaron los padres de Vero al unísmo-
  • Bueno, verán -dijo el médico- el estado de su hija es muy grave, ahora mismo está en cuidados intensivos, no sabemos como reaccionará. Solo nos queda esperar.
  • ¿Podemos verla? -preguntó la madre de Vero-.
  • Sí, pero por favor, no pasen todos a la vez, vayan pasando poco a poco.

El doctor nos indicó por donde entrar. En primer lugar entraron los padres de Vero. Estuvieron durante un largo rato, cuando salieron sus caras lo decían todo; su única hija al borde de la muerte, con tan solo 19 años. Aquello no era justo.

Cuando los padres de Vero salieron entramos Jesús, Pablo y yo. Conforme avanzábamos por el pasillo nuestros ánimos descendían. Vero estaba conectada a varias máquinas, sedada y con la cabeza vendada. No pude evitar romper a llorar cuando la vi en ese estado, me abracé a Jesús de forma automática. No podía parar de llorar, no podía creer lo que estaba pasando.

Pablo sin embargo tuvo una reacción diferente. Contemplaba atónito el estado de Vero, con los puños cerrados, con rabia y dolor, sin parar de decir para sí mismo Todo por mi culpa como era lógico rompió a llorar. He de decir que el alma se me cayó a los pies cuando vi como Pablo puso su mano sobre el cristal que nos separaba de Vero. Me abracé a Pablo e intenté tranquilizarlo:

  • Vamos Pablo, sabes que Vero es fuerte. Saldrá de esta.
  • No puedo verla en ese estado. Mi niña -se giró para mirar a Vero- mírala, ahí, luchando por vivir cuando debería haber sido yo quien estuviese ahora mismo ahí.
  • Pablo, no digas tonterías, Vero se va a recuperar.
  • ¿Y si no se recupera? ¿y si se me va?, ¿qué sentido tendría mi vida entonces?.
  • Pablo, sé que Vero es muy fuerte, aunque no lo aparente es más fuerte de lo que ella misma cree.
  • No quiero que se vaya, y menos ahora. No podría soportarlo, que ella se me fuera sabiendo que esta enfadada conmigo.
  • Pablo, Vero se pondrá bien y todo se solucionará.
  • Mi niña, te quiero -dijo mirando la cama de Vero-.

Me partía el alma ver así a Pablo. Una tras otra las lágrimas recorrían su rostro. Se acercó lo más que pudo a Vero, pese a que el cristal los separaba, mandó un beso a Vero, se besó la mano y la posó sobre el cristal, mientras una tras otra las lágrimas de rabia, dolor y miedo caían de ojos. Escuché un breve susurro como Pablo decía Aquí estoy yo, mi niña, siempre contigo.
No pude evitar emocionarme. Era un amor tan puro, tan limpio, el que sentía Pablo por Vero, que parecía casi irreal.
Pablo echó un último vistazo a Vero, así lo hicimos también Jesús y yo. Nos despedimos con miedo, como intuyendo que algo iba a ocurrir.

Salimos de la unidad de cuidados intensivos. Los padres de Vero continuaban con semblante triste. Visiblemente abatidos, golpeados por la vida en el momento menos esperado.

  • Podéis iros a dormir si queréis, al fin de al cabo aquí no podéis hacer nada -nos dijeron los padres de Vero-.
  • Yo prefiero quedarme -contestó Pablo. El padre de Vero le miró de una forma no muy buena- si no les importa claro.
  • No, para nada. Puedes quedarte.
  • Gracias.
  • Pablo cualquier novedad me llamas ¿vale? -le dije a Pablo-.
  • Sí, tranquila, yo te aviso.
  • Bueno, en cuanto me despierte, si logro dormir, vengo aquí.
  • Fanny, no te preocupes. Nosotros vamos a estar aquí, no va a estar sola -contestó la madre de Vero-.

Nos despedimos de Pablo y los padres de Vero y Jesús me acompañó a casa. Apenas hablamos durante el trayecto de vuelta.

  • Hey, Vero se pondrá bien. Ya lo verás -me dijo con una sonrisa-.
  • Eso espero.
  • La verdad, no puedo evitar sentirme en parte culpable por todo.
  • ¿Culpable?.
  • Sí, culpable en el sentido que tal vez si yo no le hubiese insistido en que saliese con todos nosotros, pues ahora no estaría en esta situación.
  • No tienes por qué sentirte culpable. El destino ha jugado sus cartas, nadie lo esperaba. No ha sido culpa tuya.
  • Pero me siento responsable en parte de lo ocurrido.
  • Tú no tienes la culpa de nada, Vero se pondrá bien, es fuerte.

Apenas dormí aquella noche. Tuve unas pesadillas horribles. Me desperté varias veces gritando.
A la mañana siguiente me encontraba fatal, apenas había pegado ojo, sin embargo no podía soportar estar más tiempo en la cama. Me levanté, me arreglé y salí en dirección al hospital.

Cogí el bús, no quería despertar a Jesús, estaría cansado, la noche anterior había sido muy larga. De pronto noté movimiento en el grupo de WhatsApp:

Raquel: Buenos días chicos!!!
Gonza: Eso eso!! buenos días!!!
Juan: Que llegasteis a casa sin caeros a un contenedor?
Hugo: Muy gracioso Juan.
Paola: Feliz día!!!

Estaba claro que no sabían nada. No había caído en la cuenta de avisarles, y debía hacerlo. Me metí en la conversación:
Yo: Hola chicos.
Raquel: Holaaaa =)
Hugo: Hombreee, ya era hora!! que tu y Jesús desaparecisteis anoche.
Gonza: Eso eso, que la parejita feliz desapareció.
Paola: Igual que Vero, por cierto sabeis algo de ella?
Juan: No, la gente fue desapareciendo poco a poco.
Hugo: yo lo último que se de ella es que se fue con el tio ese que acababa de conocer.
Fanny: Yo si se de Vero. Está en el hospital.
Raquel: QUE?
Hugo: ESTAS DE COÑA?
Paola: EN EL HOSPITAL?
Yo: Si...
Gonza: Que ha pasado?
Yo: Iba en moto con el chico que acababa de conocer y...
Paola: NO
Gonza: NO, DIME QUE NO ES LO QUE ESTOY PENSANDO.
Yo: Desgraciadamente si... Vero, tuvo un accidente y está muy grave. Yo voy de camino al Hospital.
Paola: Yo voy ahora mismo!
Hugo: Yo tambien.
Gonza: Y yo.
Juan: Vamos todos pero a la de ya.
Raquel: Yo salgo ya mismo para allí.
Yo: Yo estoy llegando. Nos vemos ahí.


En apenas unos minutos llegué al hospital. Justo cuando llegaba a la puerta de urgencias vi a Pablo sentado fuera en el suelo con las manos en la cara, cubriéndose la cara. Me acerqué a él, cuando estuve los suficientemente cerca se me calló el alma al suelo. Pablo estaba llorando:

  • ¿Pablo, pasa algo?.
  • Fanny -levantó la cabeza- dios, ya no puedo más. En serio.
  • Pablo, cálmate, ¿qué ha pasado?.
  • Vero, los médicos apenas tienen esperanzas. ¿qué voy a hacer yo sin ella?, ¿de qué me sirve vivir una vida que se va convertir en un infierno sin ella. ¿De qué me va a servir que salga el sol cada día, si viviré en completa oscuridad? No, yo no quiero eso. No puedo, la sola idea de que eso ocurra me corroe por dentro.
  • Pablo, vamos, Vero mejorará, no podemos perder las esperanzas. Eso es lo último que debemos perder.
  • No puedo Fanny, te juro que no puedo, las cosas entre Vero y yo desde un principio no empezaron bien, dicen que cuando algo empieza mal sin excepción no acaba bien.
  • Llevas aquí desde anoche ¿verdad?.
  • Sí, no me he separado en ningún momento de ella, aunque no pueda estar directamente con ella.
  • ¿Y sus padres?
  • Destrozados.

Intenté animar un poco a Pablo. Misión imposible. Entré a la sala de espera. Los padres de Vero se veían claramente abatidos. Rotos de dolor.
Vero había empeorado, los médicos apenas daban esperanzas de vida, no se arriesgaban a dar esperanzas, cuando ni ellos mismos sabían lo que iba a pasar, cada segundo contaba y el tiempo corría en contra.

De pronto vi como Raquel, Gonza, Juan, Paola y Hugo entraron por la puerta de Urgencias. Todos nos abrazamos como en una piña, era el momento de estar más unidos que nunca.

Pablo entró pasados unos minutos, su cara reflejaba cansancio, dolor, miedo, rabia e impotencia. Ninguno podíamos hacer nada por Vero, nosotros ahí fuera mientras ella luchaba por vivir, por volver al lado de aquellas personas que más la querían.

De pronto un médico se acercó a nosotros, era el mismo médico que nos había dado la noticia del estado de Vero la noche anterior, y por lo que escuché decir a los padres de Vero, era el médico que hacía apenas unas horas les había comunicado el grave estado de su hija.

  • Verán, el estado de Verónica es muy crítico, la verdad no quiero crearles falsas esperanzas. Las siguientes horas son cruciales para su vida. No quiero ilusionarles diciéndoles que la paciente va a recuperarse pronto. No obstante les voy a permitir que pasen a verla. Unos pocos minutos, estos casos son extremos y al estar la paciente aislada si le ocurre algo los familiares no llegan a tiempo de despedirse.

Cuando el doctor nos dijo aquello no pudimos aguantarnos las lágrimas, ninguno de nosotros esperaba aquella noticia, Vero, nuestra Vero, se estaba muriendo y no podíamos hacer nada por ella, lágrimas de impotencia fueron el fiel reflejo de los que sentíamos.

Como era lógico en primer lugar pasaron los padres de Vero, entraron con miedo, desconcierto, como si aquella fuese la última vez que cruzaban aquella puerta para ver a su única hija de 19 años con vida.

Pasaron los minutos, y cada vez que veíamos entrar a algún médico o enfermera corriendo hacia la Unidad de Cuidados Intensivos, el corazón nos daba un vuelco.

El dolor que pudimos ver reflejado en los rostros de los padres de Vero, era la prueba que necesitábamos, destrozados, rotos por el dolor, por la inminente pérdida de su hija. Con sólo una frase en la boca Ya nos hemos despedido de ella. No la volveremos a ver nosotros no pudimos hacer otra cosa que darnos apoyo, nos abrazamos todos, eramos una piña, y aquel momento nos unió todavía más si cabe.

Tras los padres de Vero, entramos Pablo y yo, nada más cruzar el umbral de la puerta nos pusimos los plásticos protectores. Avanzamos por otro pasillo, nos guió una de las enfermeras. Cuando por fin llegamos a donde estaba Vero, el mundo se nos vino encima a Pablo y a mi. No pudimos aguantar. Yo me derrumbé al instante al ver Vero en aquella cama, conectada a toda clase a máquinas, máquinas que sostenían el último hilo de vida que, según los médicos, le quedaba.

Nada más entrar, Pablo no pudo contener las lágrimas. Se derrumbó, rompió a llorar. Aquello era una auténtica pesadilla, ¿por qué a ella?. Pablo estaba abatido, roto de dolor. No podía decir nada, sólo podía llorar, un llanto lleno de rabia. Ambos nos acercamos a la cama, aquella imagen de Vero, se me quedó clavada en la retina. Creo que a Pablo le ocurrió como a mí. Fue por ello que pensé que lo mejor era dejar a Pablo a solas con Vero durante unos minutos.

Le di a Vero un beso en la mejilla, me despedí de Vero, apenas pude pude recorrer el camino que separaba la cama de Vero de la puerta de aquella por así decirlo, habitación. Las lágrimas me nublaron la vista.

Vi como Pablo se acercó a Vero y le dio un ligero beso en la otra mejilla, durante ese beso, Pablo cerró los ojos y una lágrima cayó sobre el rostro de Vero.

Aquella lágrima, una simple lágrima, algo tan frágil, tan insignificante, pero un hilo de vida al que agarrarse y Vero así lo hizo.

De pronto cuando Pablo y yo nos disponíamos a salir de la habitación.

  • Pa.pa.pablo.Fa.fa.fanny.


No podíamos creernos lo que estaba ocurriendo, un rayo de luz entre tanta oscuridad. Aquellas palabras que tanto Pablo como yo jamás olvidaríamos, aquellas dos palabras, nuestros nombres, pronunciados por aquella persona, esa persona que no se merecía pasar por lo que estaba pasando. Esa persona que había gastado el último cartucho de sus fuerzas en pronunciar nuestros nombres...

Capítulo 53: Esto no es posible.


Vero se marchó con Sergio, el chico que acababa de conocer. Yo me quedé con el resto y con Pablo en el local. Noté que Pablo quedó muy afectado. De modo que me acerqué a hablar con él:

  • Pablo, ¿estás bien?.
  • Sí, tranquila Fanny, estoy bien, no te preocupes.
  • La verdad no sé por qué ha actuado así -dije en referencia a Vero- Supongo que en parte es normal, después de todo lo que ha pasado.
  • ¿Tú también piensas como ella?
  • Pablo, yo he visto las fotos al igual que Vero. Y la verdad en parte la entiendo.
  • Fanny, esas fotos no son lo que parecen.
  • ¿Ah, no? Y ¿qué son?.
  • Esas fotos me las tomaron con mi publicista. Ella y yo tan solo somos amigos. Te juro que no pasó nada entre nosotros. No podría hacer eso. No si estoy enamorado de Vero. No si daría mi vida por estar seguro de que ella está bien y es feliz.
  • Y entonces ¿por qué no se lo has dicho a ella?
  • No me ha dejado explicarme.
  • Yo en esas cosas prefiero no meterme, sois vosotros los que lo tenéis que solucionar, pero no creas que Vero te va a creer así como así. Seguramente cuando entre a razones te pedirá perdón.
  • Intentaré hacerla entrar en razón. Y si me pide perdón no lo dudaré, por supuesto que la perdonaré, porque es tan increíblemente maravillosa que un hombre preferiría el infierno al cielo sólo por estar con ella.

Aquellas palabras de Pablo dirigidas a Vero, me emocionaron hasta el punto que una lágrima recorrió mi cara.

  • Seguro que te perdona. Y más cuando se de cuenta de lo que sientes por ella. Que todo ha sido un malentendido.
  • Eso espero. Bueno, creo que debería irme.
  • Si te quieres quedar con nosotros aunque no esté Vero, puedes hacerlo.
  • Gracias pero será mejor que vuelva al hotel.
  • Como quieras. Yo intentaré convencerla para que hable contigo.
  • Gracias. Espero que todo esto se aclare. Sin ella no soy nada.

Pablo se marchó y yo seguí con el resto. La música, la compañía y el ambiente eran perfectos, sin embargo no podía evitar sentirme preocupada por Vero. Decidí mandarle un par de mensajes a BBM, y mi preocupación fue en aumento cuando me di cuenta de que tenía el móvil apagado.

Pasaron las horas y seguía sin saber nada de Vero, empecé a preocuparme de verdad. No era normal en ella desaparecer así como así sin decir nada.

Las horas siguieron pasando y yo cada vez estaba más preocupada. De pronto sonó mi móvil. Reconocí el número. Era un número que Vero había utilizado muchas veces para hablar conmigo cuando desde el suyo propio no podía. Era el número de su madre.

Salí a la calle y contesté la llamada:

  • ¿Sí?
  • ¿Fanny, eres tú? -me preguntaron entre sollozos- soy la madre de Vero.
  • Sí, soy yo, ¿pasa algo?
  • Verás.... -la madre de Vero rompió a llorar y en ese momento me temí lo peor- Vero está en el hospital.
  • ¿QUÉ?, pe.pe.pero no es posible -no me podía creer lo que estaba pasando- ¿qué ha pasado?
  • Ha... ha.. -a la madre de Vero no le salían las palabras- ha tenido un accidente grave -su madre lloraba más y más y yo finalmente presa del shock reaccione y exploté a llorar- iba con un chico en una moto, y chocaron con un coche.
  • Tranquila -intenté calmar a la madre de Vero quien no podía parar de llorar- ahora mismo voy para allá.
  • Fanny no hace falta, en serio. Sólo te llamaba para que lo supieras. No es necesario que vengas aquí. Nosotros todavía no sabemos si continúa con vida o no.
  • Pero yo quiero estar ahí, Vero es mi amiga, y no puedo estar tranquila hasta que no sepa si está bien.
  • Como quieras. Estamos en la sala de espera de Urgencias, por si te quieres pasar.
  • Ahora mismo voy para allá.

Colgué el teléfono. Estaba en shock. Jesús salió del local y nada más verme supo que algo no iba bien. Me abrazó al instante:

  • ¿Pasa algo? -me preguntó-.
  • Jesús, por favor llévame al hospital ahora mismo -contesté presa de los nervios y de la desesperación-.
  • ¿Qué pasa?
  • Vero, ha tenido un accidente. Está en el hospital. Por favor llévame cuanto antes.
  • Está bien.

En apenas 5 minutos llegamos a urgencias, nada más entrar me abracé a la madre de Vero, no pude contener por más tiempo las lágrimas.
Hablé con ella cuando ambas pudimos calmarnos un poco. Sus padres estaban destrozados y en parte les comprendía. Su única hija estaba entre la vida y la muerte.
Me contaron lo que ellos ya sabían, Vero iba en moto con un chico, a una velocidad muy superior a la permitida cuando de pronto chocaron con un coche, el impacto resultó mortal para Sergio, Vero estaba inconsciente, sin apenas signos vitales. Los médicos no sabían como iba a salir todo, de modo que optaron por reservarse el pronóstico.

En ese momento me sentí terriblemente mal, todo había ocurrido tal vez en parte por mi culpa, había sido yo quien había convencido a Vero para salir aquella noche con nosotros, si tal vez no le hubiese insistido ahora ella estaría bien, no debatiéndose entre la vida y la muerte. De pronto rompí a llorar, Jesús que estaba a mi lado me abrazó.

De pronto caí en la cuenta, Pablo no sabía nada de lo ocurrido, yo era quien debía darle la noticia, sin embargo no sabía cómo decírselo. No encontraba las palabras. No era capaz de darle esa noticia a Pablo, aún a sabiendas de que yo era la única persona que le podía decir lo que estaba pasando en estos momentos.

Estaba viviendo una auténtica pesadilla en estos momentos, esto me estaba superando y no podía más. No logré comprender de donde saqué las fuerzas para hablar con Pablo. Decidí avisarle por WhatsApp que le iba a llamar, no era una noticia para contarla escribiendo. Tenía que hablar con él.

Yo: Pablo, estas ahi?
Pablo Alborán: Hola Fanny, sí, aún estoy despierto, no puedo dormir, le estoy dando vueltas a la cabeza, no se que hacer para que Vero me perdone.
Yo: Pablo tengo que hablar contigo. Te llamo vale?
Pablo Alborán: Está bien.

Así lo hice:

  • Pablo.
  • Hola Fanny, ¿pasa algo?.
  • Sí, tengo que decirte algo pero no encuentro las palabras para decírtelo.
  • ¿Ha pasado algo, sabes algo de Vero?.
  • Es sobre Vero. La verdad no sé como decirte esto.
  • Fanny me estás asustando, habla.
  • Pablo verás... Vero... -comencé a llorar- Vero ha tenido un accidente. Está en el hospital. No sabemos si está bien o no -dije entre lágrimas-.
  • NO, FANNY DIME QUE NO, DIME QUE ES MENTIRA, DIME QUE NO POR FAVOR -Pablo entró en estado de shock- NO ES POSIBLE.
  • Pablo, por favor cálmate -sabía que le estaba pidiendo algo imposible- todos estamos muy nerviosos.
  • Debía haber matado a ese hijo de puta cuando tuve oportunidad.
  • Ya no es necesario Pablo, el chico murió en el choque. Es Vero, quien está en estado crítico.
  • Voy ahora mismo para allá, pido un taxi y en unos minutos estoy ahí.
  • Está bien, yo estoy aquí con los padres de Vero. Nos vemos ahora.

Colgué y me senté junto a los padres de Vero:

  • ¿Has llamado a Pablo verdad? -me preguntó su madre-.
  • Sí.

Unos minutos más tarde vi entrar a Pablo a la sala de espera de Urgencias. Nada más verme se abrazó a mí, jamás había visto llorar a Pablo de aquella forma, el dolor se reflejaba en cada lágrima que recorría su cara.

  • Esto no es posible..
  • Lo sé Pablo.
  • Si ella se me va quiero irme detrás de ella.
  • Vamos Pablo, cálmate, Vero es fuerte, se va a recuperar.

Los padres de Vero se dieron cuenta de la presencia de Pablo, la madre de Vero fue amable con Pablo, no obstante no ocurrió así con el padre de Vero:

  • ¿Y tú que haces aquí? Tú eres el culpable de que mi hija esté en esta situación. No quiero verte nunca más cerca de ella. Me prometiste que a tu lado no le iba a pasar nada y ahora mira donde está. -le dijo el padre de Vero a Pablo-.
  • Yo... Lo siento.
  • Largo de aquí. Vete antes de que haga algo de lo que después pueda arrepentirme.
  • Pablo, puedes quedarte si quieres -interrumpió la madre de Vero-.
  • Gracias.

Pablo se sentó junto a Jesús, estuvimos durante un par de horas esperando noticias sobre Vero, los nervios podían con todos. No sabíamos nada y por más que preguntábamos, los médicos no nos decían nada. Comenzamos a temernos lo peor.

De repente:

  • ¿Familiares de Verónica Martínez?

Automáticamente nos levantamos todos, el médico traía noticias sobre el estado en el que se encontraba Vero...